Terminar un libro y entregarlo al editor siempre significa un cosquilleo temeroso, una espera para saber qué tal nos salió el crío literario. Un palpitar del ego y la autoestima. Pero Tilo como editor se ha encargado de que ese proceso tan necesario y temible sea un camino amoroso, lleno de aprendizaje, donde lo único posible que resulta es el enriquecimiento de nuestra obra. Yo lo valoro, lo agradezco y me honra que varias de mis obras hayan pasado por sus manos, para mejorar, para crecer, para perdurar.